El Nacional - Jueves 16 de Diciembre de 2004

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Cultura y Espectáculos

Media hora de éxtasis puede marcar una vida entera

Esta noche a las 7:00 pm, en la librería El Buscón del Centro Cultural Trasnocho, se presentará la nueva novela de Ednodio Quintero. Publicada en España y honrada con un prólogo de Juan Villoro, Mariana y los comanches destila y concentra muchos de los más entrañables temas del autor de La danza del jaguar

 

RAFAEL OSÍO CABRICES
 


 

 

 

 

Foto GUILLERMO SUÁREZ
“Para mí, escribir es una pulsión, un modo de respirar, de estar sobre la tierra”

 

 

 

Mariana y los comanches es un libro-espejo, un texto cuya historia es una suerte de juego con la ficción, el mismo juego que la novela relata. Ednodio Quintero dice que tiene un destino curioso, “un buen sino”. Le gusta contar cómo nació, porque le fascina cómo se producen los libros, le encantan esas historias en las que los grandes autores explican el advenimiento de una obra maestra.

A principios de los años 70, cuando era “un pichón de escritor”, Quintero (Las Mesitas, Trujillo, 1947), empezó una novela sostenida sobre un triángulo amoroso en torno a una joven y peligrosamente bella actriz, Mariana, amada a la vez por dos viejos amigos que tienen entre sí un vínculo homosexual. El manuscrito quedó inconcluso por una u otra razón y más de 20 años después volvió a las manos de su autor, cuando éste limpiaba su casa.

–Se había escapado de una quema, no sé cómo –cuenta Quintero, uno de esos escritores que de vez en cuando dan parte de su obra a las llamas–. La volví a leer y me pareció muy mala. Estaba a punto de pegarle candela cuando vi una frase: “Aun con el agua al cuello, me refugiaba en el monótono fluir de cosas ajenas a mi naturaleza, materiales de máscara, artificios de ternura”. La frase me gustaba, y me seguía interesando la anécdota central del libro, ese triángulo amoroso en una isla ficticia, el posible incesto, la bisexualidad.

Pero la elaboración era pésima.

Una amiga escritora, sin embargo, tuvo más fe y lo animó a terminarla.

Quintero encontró lo que le había faltado: la figura de un escritor maduro y exitoso que recupera un viejo manuscrito justo el día en que recibe la llamada de una mujer desconocida, que lo induce a una cita a ciegas. A lo largo de un día de descubrimientos revisa el viejo texto, que cuenta –he ahí el espejo– cómo el protagonista es invitado por un amigo de varios años, con quien practicaba algunos jugueteos homoeróticos, a unos días en una isla del Caribe con su novia, quien resulta ser la devastadora Mariana que lo había vuelto loco tiempo atrás, el cataclismo adolescente que un día se había aparecido en su apartamento para revolcarle para siempre la vida.

Quintero estuvo alimentando el texto hasta 1996. Dos años después llegó el tercer envión en la forma de dos españoles entusiastas de la literatura latinoamericana, Olga Martínez y Paco Robles, que habían montado el sitio en Internet sololiteratura.com y habían incluido al autor de
La danza del jaguar y Cabeza de cabra en una lista de los 30 mejores narradores de la región. Los dos críticos conocieron a Quintero en un viaje posterior a Mérida, donde él vive desde hace muchos años, y luego le pidieron un texto para inaugurar una colección narrativa con un sello nuevo, Candaya Editores. El escritor entendió que había llegado la hora para la pérfida y deliciosa Mariana.

El antiguo manuscrito alcanzó su forma final, fue a la imprenta este año y ya se está distribuyendo en las librerías caraqueñas.




Sin tormento
Ese “buen sino” no ha dejado de manifestarse. En España, la obra ha sido muy bien recibida, para sorpresa del mismo Quintero. Juan Antonio Masoliver Ródenas la ha elogiado con fervor.

–Parece que le gusta a muchos lectores –dice
Ednodio Quintero–, que mucha gente se siente bien con ella. Creo que éste será el libro mío que más se lea. Y eso que lo escribí como un divertimento, sin tormento alguno, sin querer hacer una obra maestra. Me han dicho lo mejor que se puede decir de una novela: que no se puede soltar hasta el final. Ha habido tantos elogios que ahora quiero volverla a leer, ya impresa.

En el prólogo, el notable escritor mexicano
Juan Villoro regala al lector con un perfil del escritor andino, de su vida en Mérida, de su infatuación con la literatura japonesa, y menciona a la Lolita de Vladimir Nabokov, a un pacto fáustico, a la posibilidad de que el deseo se convierta en crimen para salvarse.

Dice que es una novela escrita en la plenitud del oficio, en la que Quintero inventa remedios para el vértigo.

Villoro destaca la presencia del contrabando entre ficción y realidad que plantea la historia y cita a la inolvidable nínfula nabokoviana como referencia ante este nuevo intento de Quintero por cantar –aunque con temor, con tristeza– el efecto que la sensualidad de una mujer ejerce sobre el varón.

Sin embargo,
Ednodio Quintero dice que no sabe mucho cómo hacer literatura sobre la belleza femenina, cómo compartir esa experiencia.

–Eso habría que preguntárselo a Yasunari Kawabata. En
La casa de las bellas durmientes, la novela en la que se inspira la nueva de García Márquez, hay mucho de su veneración por la mujer, que él sabe contar muy bien. Tiene un cuento en el que una muchacha le regala un brazo a su enamorado para que duerma con él.

Pero no sólo Mariana tiene mucho de las muchachas crueles, hermosas y un poco locas que habitan la obra de
Ednodio Quintero.

También están en la nueva novela muchos de sus motivos de siempre: la pulsión por la escritura, una vida vivida en cafés y bares, el paisaje campesino de la infancia, el sexo como modo de conocimiento y de perdición.
Mariana y los comanches es un texto que sólo pudo escribir Ednodio Quintero –si es que no es siempre único todo texto–, pero, a diferencia de otros anteriores, es muy redondo, económico, tiene todos sus componentes muy a mano, diáfanos y cercanos unos a otros. Será por eso que Villoro habla de “plenitud del oficio”.

–Para mí, escribir es una pulsión, un modo de respirar, de estar sobre la tierra –concluye
Ednodio Quintero–. Lo descubrí tardíamente, con La danza del jaguar (que es de 1991). Escribir es lo único que sé hacer bien. Pese a todas las influencias que he recibido, hoy creo que soy autárquico, que no le debo nada a nadie. Antes lo que yo hacía sonaba mucho a Borges, a Cortázar, a veces a Kafka. Pero luego uno se desteta, mata al padre, y adquiere su propia voz.