El Nacional - Miércoles 26 de Mayo de 2004 B/8
 

Cultura y Espectáculos

 

Ednodio Quintero se llevó para España a Mariana y los comanches

Frente al Mediterráneo, en la Barcelona de Gaudí, Enrique Vila-Matas presentará esta noche la más nueva novela del escritor venezolano, con prólogo de Juan Villoro

 

MARIANELA BALBI
 


Foto VASCO SZINETAR
Ednodio Quintero presentará su libro en Barcelona, Madrid y Salamanca

“Me encontré un manuscrito de una novela corta que escribí en el año 72. No me acordaba para nada de que existía. La leí y me pareció que estaba muy mal escrita, pero el tema me seguía interesando. ¿Qué hago?, me pregunte.

Me daba flojera reescribirla y así como estaba no valía para nada. Pero el tema me gustaba.

La dejé años así, guardada. Un día la quise quemar. La volví a leer y una frase me sorprendió.

Era una frase muy elaborada, muy bonita, que me recordaba a Onetti. Así que reinventé la historia de un escritor ya viejo que se encuentra un manuscrito y decide reescribirlo en un presente.

Hay en ella un juego con los personajes, una especie de fusión entre realidad y ficción donde el tema es el bisexualismo y el incesto, que estaban en el original pero que los incorporo al personaje de esta nueva versión. No tiene nada que ver con lo que estoy haciendo en este momento, pero lo hice porque leí que Thomas Mann rescató un manuscrito 40 años después y le consiguió la costura”.

Así nació –según propia confesión del autor– Mariana y los comanches (Candaya, Barcelona, España 2004), la novela de Ednodio Quintero, con prólogo de Juan Villoro, que esta noche será presentada en el Ateneo de la capital catalana por el escritor Enrique Vila-Matas.

Habla Juan Villoro, el escritor mexicano, de un pacto fáustico que propone Mariana y los comanches y añade que “desde su alta ventana, Ednodio Quintero inventa abismos y remedios para el vértigo”. Coincide así con otro estudioso de la narrativa de Quintero, el venezolano Gregory Zambrano, para quien su narrativa “puede definirse como una poética del vértigo, una forma de decir (de escribir) que tiene un ritmo acelerado, una pulsión que sacude de manera frontal todos los sentidos y nos lleva por una serie de pasadizos secretos o, mejor, por un interminable laberinto donde finalmente encontramos un acto de reconciliación con la certeza de la vigilia”.


Desde la plenitud del oficio

Destaca Juan Villoro que Mariana y los comanches “ha sido escrita en la plenitud del oficio”. Y lo explica así: “El infinito tema del triángulo amoroso encuentra aquí aristas novedosas. Un escritor codicia a una amada doblemente esquiva: como objeto del deseo y personaje narrativo. El protagonista revisa un manuscrito olvidado, tributario de una poética con la que ya no comulga, acaso más genuina que la que lo ha llevado al éxito. El texto convoca a una mujer real y a una mujer narrativa. ¿Es posible recuperar a una sin sacrificar a la otra? La disyuntiva entre vida y creación determina Mariana y los comanches. ¿La mujer que regresa lo hace en nombre del destino o de la ficción? De manera sugerente, la moneda adivinatoria de Quintero a veces cae en la cara de la realidad, a veces en la de la imaginación”.

Invita la lectura del libro de Quintero a develar la lección que queda como residuo en la imaginación del lector: “El presente sólo se descifra al ser pensado hacia atrás.

Como los personajes, disponíamos de las soluciones mientras eran vividas (o leídas) ; comprenderlas tarde es, fatalmente, una repetición.

Entender ese infierno significa asumirlo, seguir al autor en busca de una salida, el arriesgado rito de paso en que desemboca la trama, sacrificar el arte para que la vida prosiga, modificada, como un río que busca nuevo curso”, concluye Villoro.

 

 

 
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