El Nacional - Lunes 03 de Octubre de 2005

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Cultura y Espectáculos

Ednodio Quintero a 40º a la sombra

El escritor andino estuvo presente en la III edición de Feria del Libro Unica, en la cual presentó su última novela Mariana y los comanches. En ella ahonda con acierto en tema infinito de los triángulos amorosos. El autor también habla acerca de su vida, obra y milagros en estos 30 años de oficio narrativo

 

ALBINSON LINARES
MARACAIBO


 

Foto VASCO SZINETAR / ARCHIVO
Quintero: “Mi único plan es escribir, escribir, hasta el fin”

La frase: “Ese hombre lleva el páramo entre el pellejo”, suele aplicársele a muchos personajes nativos de los Andes venezolanos.

Más que un tremendismo o una deslucida boutade, forma parte de los rasgos exteriores y el comportamiento de muchas personas que provienen de esa región, tan cerca del espinazo continental. Ednodio Quintero, sereno, tranquilo y metódico, ha sido objeto de dicha observación en múltiples oportunidades.

Mariana y los comanches, su más reciente obra, es una novela signada por el reconocimiento positivo de la crítica y el público.

Ha logrado, entre otras cosas, arrancarle elogios a un escritor tan difícil como Enrique Vila–Matas, quien ha aseverado que “Ednodio Quintero es el mejor narrador venezolano de su generación”.

Podemos decir que ésta ha sido la novela venezolana más reseñada por medios españoles en los últimos 10 años, cosa que el autor aprecia enormemente: “Yo no me atrevería a hacer un ranking de mis obras, pero con Mariana ha pasado una cosa muy curiosa, ha sido el libro mío más reseñado en una proporción de 10 a 1, en comparación con los otros. Curiosamente, esto pasó en España de la mano de Candaya, una editorial pequeña pero muy cuidadosa con sus autores”.

La historia de los comanches

–¿Cómo fue el proceso de escritura de esta novela?

–Yo no me acuerdo muy bien porque en 1996 interrumpí dos libros que estaba escribiendo.

Entre ellos estaba Mariana, que retomé dos años después y terminé en 1999. Desde que la cerré, ya estaba lista para ser publicada.

Cuando me la pidieron, lo único que hice fue quitarle el polvo y mandarla. Estuvo cuatro años guardada, ni siquiera tuvo que hacer el peregrinaje editorial que hicieron mis otros libros.

–¿La idea es recurrente, ha estado presente en otros trabajos?

–Esa es una historia un poco más larga. Yo escribí una novela en 1972. A mí me habían puesto la etiqueta de escritor de cuentos cortos y me había costado mucho quitármela. Lo cierto es que ese año escribí una novela en un cuaderno, todavía recuerdo claramente la caligrafía, luego la dejé, no sé que pasó. Pero ahí había un juego con eso de la identidad, estaba el café, la isla, estaban presentes algunos elementos de la novela.

Mucho tiempo después, en los años 90, alguien me dijo que la retomara y la escribiera, pero pensaba que no tenía sentido, luego de 20 años no te reconoces en lo que fuiste.

–¿Cómo decide retomarla y escribir Mariana?

–Una vez la encontré, por casualidad, mientras buscaba algunos papeles y me puse a leerla.

De golpe me pareció muy mala, hasta que encontré una frase que es con la que comienza Mariana.

Inmediatamente me dije que esa frase era muy buena, pero por desgracia no era mía, era de Onetti.

Aún pienso que es de él, pero le daré un premio al que me encuentre el libro donde aparece. Por supuesto, no es textual... se me metió en la cabeza y la escribí como si fuera mía, pero el tono que tiene es Onetti. Dice así: “Aún con el agua al cuello, me reflejaba en el monótono fluir de cosas ajenas a mi naturaleza, materiales de máscara, artificios de ternura” . O sea, para el escritor que yo era en esa época no hay una explicación de esta frase, o me fumé algo muy bueno ese día, o había leído a Onetti y se me grabó el tono para componer la frase. Luego de esto me estuvo acompañando unos años hasta que la interrumpí, como ya conté, para luego terminarla.


El secreto del oficio

–Cuando decide escribir uno de sus proyectos, ¿cuánto tiempo suele dedicarle?

–Eso depende, quizás el libro para el que más disciplina necesité fue La Danza del Jaguar. En parte, por la extensión y porque era mi primera novela en forma.

Además, era una obra muy dura.

Tuve jornadas de hasta 14 horas cuando ya entré en lo que llamamos el “vértigo de la escritura”, que es una cosa parecida a un delirio, en el que no puedes parar. Trabajaba de 6:00 pm a 8:00 am, al día siguiente me despertaba como sonámbulo y seguía. Claro, eran jornadas de dos o tres días, luego pasaba un día entero durmiendo para continuar. Ahora hablo de eso con nostalgia porque ya no sostengo un trote de esos, tengo otra edad, ahora 4 ó 6 horas son el ritmo ideal –Hablemos de algunas influencias, ¿es fácil hablar de ello?

–Eso es muy rico, pero es muy complicado de explicar porque habría que nombrar como a 500 autores. De hecho, casi todas las lecturas, hasta las de la prensa te influyen de alguna manera.

Depende de las épocas, cuando eres joven tienes lecturas de juventud que si no las haces en ese momento no las puedes hacer después. Un ejemplo es Hermann Hesse: dentro de dos años cumplo 60, por lo que ya no lo tolero. Yo sí lo leí en la época en que debía hacerlo, me lo leí todo, hasta Juego de Abalorios que ya es una lectura densa. Pero el Hesse clásico es para jóvenes, el mismo Cortázar es un escritor para jóvenes, digamos que para menores de 40. Ya una persona formada, madura, desencantada, no puede leer a Cortázar con la alegría de antes, quizás los cuentos, pero el Cortázar de Rayuela es un escritor para jóvenes y creo que más para mujeres que para hombres –¿Tiene algún plan de publicaciones en los próximos años?

–No. Sabes que no tengo plan para publicar, eso yo nunca lo hago, el único plan es escribir, escribir, hasta el fin. Los libros van saliendo solos o no salen simplemente. Además, está el país que te afecta y te duele. Éste es el país de uno y no creo que estemos en el mejor momento pero tampoco sé cuál es el mejor momento, siempre hemos estado en crisis. Creo que estamos en una etapa interesante, que no sé hacia dónde va, pero sé que va para mejor.